Hans Gmoser. Heliski en Cariboos, British Columbia, Canadá.

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-(Artículo en construcción)-

La historia del heliski. Hans Gmoser.

Dentro del apartado de deportes extremos el heliski es uno de los que más leyenda acumula por cuanto su historia se viene a remontar hacia mediados de los 60 del pasado siglo y podría decirse que su génesis fue debida al ingenio, talento y pasión de una sola persona; un montañero adicto y esquiador profesional que emigró de Europa a Canadá en sus años de juventud asentándose por aquellas tierras y fundando toda una compañía pionera en la organización de tours de montaña y aventura en la que, apenas tuvo oportunidad, incluyó el servicio de heliski como oferta estrella en sus programas.

Heliski que, a falta de una definición oficial recogida en el RAE habría de traducirse como el esquí con helicóptero, artefacto utilizado para acceder a las cimas a las que no llegan los remontes mecánicos típicamente dispuestos en los centros de deportes de invierno de todo el mundo.

Durante la década de los 50 ya se usaron helicópteros en Alaska y Europa para disponer de acceso a enclaves más bien inalcanzables, especialmente en la alta temporada invernal; sin embargo, tal y como se apuntaba en el párrafo anterior, el inicio de esta práctica en términos puramente deportivos se atribuye a Hans Gmoser, quien lo experimentó por vez primera en el año 1965.

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1963 Hans Gmoser - 001b.JPG

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Aun habiendo nacido en la ciudad austriaca de Linz en 1932, Johann Wolfgang ‘Hans’ Gmoser fue uno de los pioneros en la escuela de alpinismo moderna de Canadá a donde arribó en 1951 junto con su amigo Leo Grillmair para escapar de la rutina de la posguerra europea, y desde aquel entonces se convirtió en uno de los principales promotores del montañismo y responsable en gran medida de la creciente popularidad de la escalada, el esquí y la profesión de guía de montaña, hasta el punto de llegar a ser considerado como una eminencia en los círculos del montañismo canadiense.

Los logros como alpinista de Hans durante las dos décadas siguientes de su llegada a su nueva patria son numerosos y una somera lista incluiría las más tempranas ascensiones del Monte Alberta y el pico de Bruselas, dos de los desafíos más difíciles en las Montañas Rocosas sitos en el Jasper National Park del estado de Alberta; así como un notable ascenso de la cresta oriental del Monte Logan en 1959 y también una nueva ruta en la cara norte del McKinley (Denali) en 1963 que es la cumbre más alta de Norteamérica.

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Como esquiador, fue pionero en la demarcación de nuevas travesías de esquí de alto nivel en las montañas Purcell y en la cresta de las Montañas Rocosas desde Kicking Horse Pass hasta Columbia Icefield. Para los jóvenes escaladores canadienses y esquiadores de montaña fue todo un icono e inspiró a varias generaciones de montañeros principiantes.

Pero fue como guía de montaña como realmente dejó su huella. En 1953 empezó a dirigir las travesías de esquí para sus clientes Erling Strom y Lizzie Rummel, cerca del Monte Assiniboine. Lizzie se convirtió en un amigo cercano y confidente, al igual que Fred Pessl uno de los primeros clientes de Hans.

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En aquella época fue cuando algunos de sus clientes y amigos que portaban cámaras de 16 milímetros para inmortalizar sus aventuras alpinas le invitaron a Gmoser a utilizar las imágenes a fin de promocionar su negocio; aceptando aquella invitación, Gmoser editó el metraje produciendo 10 películas entre 1957 y 1968, en las que él mismo narraba los contenidos con su pintoresco acento austriaco, lo cual no estaba nada mal para alguien que no comenzó a hablar Inglés hasta 1951.

Realizó giras con aquellos films a través de Canadá año tras año, llegando a los Estados Unidos para mostrar su producción en San Francisco y Los Ángeles. En cierta ocasión en Detroit, hasta 2.500 personas acudieron a escucharle.

Su público conserva magníficos recuerdos de tales presentaciones: Hans al micrófono con su suéter de esquí austríaco, aquellas gloriosas imágenes de esquí y escalada mostradas en la pantalla acompañadas de las más bellas piezas de música clásica y el entusiasmo y la elocuencia con la que transmitía su discurso producía en la audiencia la sensación de estar in situ en aquellos escenarios que mostraba en sus charlas; de tal modo, aquellas giras hicieron que muchos de sus oyentes se iniciaran en densos y elongados romances con el montañismo.

Algunas cintas correspondían a ascensiones de varios días al McKinley o al Monte Logan mientras que otras mostraban algunos paraísos para esquiadores como el Paso de Rogers en la Columbia Británica o los de Sunshine Meadows de Alberta, donde los trayectos eran largos, la nieve en polvo muy profunda y cualquier tipo de remonte mecánico brillaba por su ausencia.

Cineastas como Miller, Dick Barrymore y John Jay se enfocaron en lo que venía sucediendo en aquellos complejos turísticos; el temari0 de Gmoser se fue haciendo más sólido y atractivo a medida que avanzaban en la empresa de escalar las laderas que planeaban descender esquiando a posteriori.

Aquellos films fueron digitalizados recientemente y compilados en la ‘Hans Gmoser Film Collection’; concretamente en 2010, cuando un viejo amigo de Gmoser también alpinista afamado, Chic Scott, tuvo la idea de restaurarlos mientras se encargaba de confeccionar su biografía, aunque el trabajo fue más arduo de lo inicialmente previsto.

El metraje de Moser redigitalizado en 2014

La Montreal Gazette anunciando la restauración del material de Gmoser

La colección de películas de Hans Gmoser recuperadas por Chic Scott


No hay 10 guiones, y son 10 películas“, dijo Scott.

Hay 133 latas de películas, hay grabaciones de trabajo, impresiones de liberación … algunas películas han tenido partes cortadas de ellos.”

Finalmente Marg Saul y Chic Scott con la ayuda del cineasta Will Schmidt restauraron detalladamente el material añadiendo voz y música.

De tal modo hoy día es posible experimentar la magia de los films de Hans tal como fue apreciada hace más de 50 años. Por añadidura se realizaron 14 entrevistas con las gentes que en su día protagonizaron aquellas escenas que también se incluyen en los DVD. El conjunto de los 10 DVDs comporta aproximadamente unas 20 horas de visionado y están disponibles en el WhyteMuseum de las Montañas Rocosas Canadienses, en la ciudad de Banff.

Aunque gracias a la gentileza del propio WhyteMuseum, se dispone de parte de aquel suculento material en la red:

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Tras los primeros experimentos de unos pocos esquiadores europeos y de Alaska con helicópteros en los 50’s, el geólogo de Calgary Art Patterson convenció a Gmoser, residente en Banff, para guiarle en una incipiente empresa de heliski comercial en 1963. Desafortunadamente sus dos intentos fueron a todo punto desastrosos: Costosos, con nieve ‘manky’ sumada a los fuertes vientos que finalmente abatieron el minúsculo, Bell 47, de 178 caballos y dos plazas. Patterson abandonó y Gmoser lo apartó de su mente hasta que en el transcurso de una gira exhibiendo sus películas por los Estados Unidos conoció al corredor olímpico Brooks Dodge.

En un vuelo de regreso de Europa estaba pensando en cómo, en los años 60, [los europeos] eran cerdos en polvo como nosotros, así que el polvo bueno se cortaría en un día, y que teníamos que salir a algún lugar en el oeste de Canadá-tal vez utilizar un avión de esquí o un helicóptero“,

…recuerda Dodge en Topher Donahue Bugaboo Dreams (2008).”

Tras una de sus exhibiciones cinematográficas -nada menos que…- en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en la que una de sus filmaciones de tours de esquí había incluido el plano de un helicóptero descargando víveres y equipo, Dodge preguntó a Gmoser si pensaba que podría ser posible utilizar un helicóptero para esquiar. Dadas las pruebas de aquellos primeros intentos con su ex-socio Patterson, Gmoser se resistió a acceder, pero Dodge fue ciertamente persuasivo.

Se trataba de una asociación típica: El impetuoso estadounidense con recursos económicos y clientela y el circunspecto guía de montaña canadiense al uso; en este caso además, inmigrante de la Europa de la posguerra que conocía su camino alrededor del laberinto de montañas de la Columbia Británica canadiense.

Un lugar que Gmoser no conocía bien era el de los Bugaboos, un área de escalada rocosa relativamente desconocida situada en los Purcells, más concretamente justo más allá del tablero de ajedrez de los parques nacionales que, en cualquier caso, haría difícil el heliski en las Montañas Rocosas. En una de sus rutas de aquella primavera, Gmoser se adentró en los Bugaboos con un equipo ‘crack’ y le gustó lo que vio.

Con Dodge todavía entusiasmado con el ascensor grande y Gmoser sintiendo que ahora había encontrado el lugar aislado perfecto para ejecutarlo, Dodge y su esposa pastorearon su club de esquí hacia el oeste a B.C. En 1965 en lo que fue Garantizado para ser una aventura sin dinero de vuelta. Como resultó, la primera semana de heliski en la gama, cuyo nombre sería para siempre sinónimo de la actividad, fue de siete días de polvo perfecto y cielo bluebird. Para todos, la experiencia era claramente trascendente.

El hombre siempre ha querido volar, y cuando inventó el esquí -a menudo elogiado como lo más parecido a volar sin salir de la Tierra- llegó muy cerca. Pero la visión de Gmoser de alas para volar a través del desierto de la montaña y experimentar la verdadera libertad en los esquís enlazó estas dos ideas.

La idea de Gmoser era tan grandiosa como las montañas en las que se concibió: el sueño de un día de polvo perfecto en montañas espectaculares con amigos puede ser un ideal que ha existido desde el comienzo del esquí, pero estaba consagrado en los tres principios de la experiencia de CMH: La alegría épica del esquí en polvo; La camaradería forjada en ella; Y el poder restaurador de las montañas. Gmoser transmitió apasionadamente tanto como un guía de montaña, ya sea evangelizando con los clientes o con una multitud viendo sus películas.

Cuando finalmente empleó un helicóptero para volver a imaginar el esquí al servicio de estos conceptos, cambió todo y nada. Ahora era posible entregar el sueño continuamente desde un entorno de refugio basado en una épica zona de nieve. Pero ese sueño, el ideal del esquiador, nunca cambia. Cincuenta años más tarde, experimentar ese sueño todavía puede cambiar tu vida, tal vez más que nunca. Y CMH sigue estando a la vanguardia de su entrega.

Por su parte, a lo largo de los años, la profunda conexión de Gmoser con el mundo alpino le hizo elegido miembro honorario del Club Alpino de Canadá (1986), otorgado la Orden de Canadá (1987), dado el Premio de la Cumbre de Excelencia del Festival de Cine de Montaña de Banff (1989), fue nombrado miembro honorario de la Federación Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña (1992) y elegido Presidente Honorario de la Asociación de Guías de Montaña Canadienses (1997). La carrera de Gmoser en las montañas, desafortunadamente, tendría un triste final.

El 3 de julio de 2006, el siempre activo ciclista de 75 años andaba solo, como lo hacía frecuentemente, cuando se desplomó al lado de la carretera en el área de picnic Muleshoe cerca del lago Louise, rompiéndose el cuello. A pesar de que los testigos llamaron a los servicios de emergencia y Gmoser fue evacuado al hospital, todas las esperanzas de recuperación se evaporaron cuando falleció dos días después.

El derramamiento fue inmediato. Muchos lamentaron la pérdida del pionero y visionario que sentó las bases del alpinismo moderno en Canadá y creó una nueva manera de acceder a las montañas para arrancar. “Es una pérdida asombrosa”, dijo el luminoso escalador Barry Blanchard. “Fue una figura paterna para un par de generaciones de jóvenes guías de montaña”.

Chic Scott, autor de Deep Powder y Steep Rock: La Vida de la Guía de Montaña Hans Gmoser, lo elogió como “la éminencia grise del montañismo canadiense”.

Como señaló el portavoz de CMH, Marty Von Neudegg, toda la compañía quedó atónita. “Estamos profundamente tristes … Hans era un hombre increíblemente grande, la razón por la que estamos todos aquí. Miles han trabajado en CMH, decenas de miles han disfrutado de lo que él creó … esto es realmente duro para nosotros “.

Aunque la pérdida fue particularmente sentida a lo largo de toda la familia de CMH -una grande en estos días con 11 casas de campo, 20 millones de kilómetros cuadrados de tenencia y 9,5 millones de esquíes para unos 18 mil millones de pies verticales de felicidad en polvo- los números son sólo una medida de éxito. Al final, el entusiasmo de Gmoser por atraer más gente a las montañas honra mejor su legado: “¿Qué estábamos tratando de hacer? … Inhalar y respirar de nuevo la vida … Nos rebelábamos contra una existencia llena de valores distorsionados, contra una existencia donde un El hombre es juzgado por el tamaño de su sala de estar, por la cantidad de cromo en su coche. Pero aquí estábamos otra vez: sencillos y puros. Amigos en las montañas.

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En 1968, el negocio de heliski (rebautizado más tarde como Canadian Mountain Holidays – CMH) ya era lo suficientemente serio como para exigirle toda su atención; de manera que dejó de hacer películas y archivó sus viejos carretes, primeramente en un cobertizo para más tarde depositarlos en los archivos del Museo Whyte.

A pesar de que Hans adoraba el esquí tradicional finalmente pasó a la historia como el padre y fundador del deporte del heliski. En 1965 fue cuando ofertó las primeras dos semanas de heliski comercial apoyándose en la infraestructura de un viejo campamento maderero en las montañas de Bugaboo, cerca de Radium, BC (Columbia Británica, Canadá). Más tarde y con base en Banff, su recién inaugurada compañía, la Canadian Mountain Holidays (CMH) construye el Bugaboo Lodge en 1967, la primera de una docena de infraestructuras dedicadas a la práctica del heliski.

El heliski prosperó entonces dado que la época era la idónea pues la tecnología de los primeros helicópteros-jet inició su desarrollo.

De tal modo en 1968, el lujoso Bugaboo Lodge estaba abierto, acogiendo a la clientela de alto poder adquisitivo de todo América del Norte y Europa. Hans Rocky Mountain Guides Ltd. creció hasta convertirse en Canadian Mountain Holidays (CMH), llegando a dar empleo a unos 500 empleados y disponiendo de una docena de sucursales esparcidas por todo el interior de la Columbia Británica.

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Con base en Banff, su empresa Canadian Mountain Holidays (CMH) construye el ‘Bugaboo Lodge’ en 1967, el que sería el primero de una docena de centros de turismo y alojamiento de montaña diseñados ad hoc y ex profeso para la práctica del heliski.

La primera ‘rotación’ experimental de heliski dirigida por Gmoser tuvo lugar en 1967 en la ladera frontal de las Montañas Rocosas, no lejos de Canmore.

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Hans estuvo por supuesto en el sitio justo en el momento adecuado, pero también era el hombre apropiado para el trabajo. Desarrolló una industria en torno al heliski trenzando lazos sólidos con las comunidades más tradicionales del alpinismo y los guías de alta montaña a la vez de haber sentido para sus adentros que la práctica de heliski era una especie de experiencia salvaje para compartir con su gente en los desiertos… de nieve.

Hans nunca olvidó a los primeros amigos que hizo en las montañas. Ellos le apoyaban cuando necesitaba ayuda y Hans hacía honor a la confianza que aquellos le otorgaban en muchas ocasiones organizando años después la llamada  “Semana de la Nostalgia” en su casa de campo en los Bugaboos invitando a sus primeros clientes y seguidores a unirse a él durante una semana de heliski.

Después de haber fundado la compañía Rocky Mountain Guides que más tarde, tras ser catapultada por el auge del heliski se convertiría en Canadian Mountain Holidays (CMH) Hans también fue miembro fundador de la Asociación de Guías de Montaña Canadienses (ACMG) y su primer presidente técnico, además del primer director de la Fundación Canadiense de Avalanchas. A lo largo de su carrera tomó un gran interés en los asuntos de los guías de montaña y durante varios años fue el presidente honorario de dicha asociación.

Los esfuerzos pioneros de Hans en el desarrollo del esquí y el heliski crearon una industria que hoy emplea cientos de guías y miles de personal de apoyo.

Más allá de todos estos grandes logros en realidad Hans era simplemente un hombre notable que inspiraba lealtad y al tiempo podría convertirse en el amigo para toda la vida. El prototipo de persona que, en palabras de Rudyard Kipling… “podía caminar con reyes sin perder el trato cercano y común”.

Entre sus amigos y clientes Gmoser contó con el primer ministro Trudeau (a quien guió a Bugaboo Spire), así como con el rey de España y los reyes de Noruega.

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En algún momento escribió:

Nuestro principal objetivo es ofrecer a nuestros huéspedes una montaña segura y y una experiencia al aire libre educativa. Queremos que nuestros clientes se sientan cómodos y respiren en nuestros lodges como en sus casas. Deseamos mantener nuestras logias libres de los ruidos e imágenes electrónicas que invaden nuestras vidas por todas partes últimamente. Nos consideramos intrusos en una de las pocas áreas naturales contiguas que quedan en el mundo. Por lo tanto, pedimos a nuestros huéspedes que ellos, junto con nosotros, respeten la santidad, el silencio y el espíritu de estas maravillas naturales que tenemos el privilegio de compartir “.

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Hans conoció a su esposa, Margaret MacGougan, esquiando en el Stanley Mitchell Hut y se casaron en 1966. Han vivido todos estos años en la misma modesta casa en Harvie Heights (cerca de Canmore) y tienen dos hijos, Conrad (Lesley) y Robson Que es una guía de esquí como su padre) y dos nietos.

Durante sus últimos años Gmoser evitó ser el centro de atención a fin de enfocarse en disfrutar de sus dos actividades favoritas: El esquí de fondo en invierno y el ciclismo en verano. Aunque durante los 50, 60 y 70 sentó las bases del alpinismo moderno en Canadá. Fue prácticamente pionero en la escalada en roca, la alpina y la expedición, popularizando el montañismo y el esquí de travesía además de copartícipe en crear la asociación profesional de guías de montaña canadiense.

Hans fue ciertamente venerado a lo largo de su vida profesional y llegó a recibir membresías honoríficas en el Club Alpino de Canadá y la Federación Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña, así como un doctorado honorífico de la Universidad de Rivers Thompson. Fue elegido para el cuadro de honor del esquí canadiense y para el Salón de la Fama de esquí nacional de los Estados Unidos. Recibió el Premio de la Cumbre de Excelencia del Festival de Cine de Montaña de Banff y en 1987 fue galardonado con la Orden de Canadá. En el 2006 fue nombrado inductor-fundador en el Salón de la Fama del Turismo Canadiense. Por aquellas fechas Hans comentaba:

Mirando hacia atrás, he tenido una vida interesante. Pasé mi tiempo en las montañas. Me desempeñé como hombre de negocios. ¿Qué más puedo pedir?

A través de sus películas y después por medio del esquí con helicóptero hizo famosas mundialmente a las montañas de Canadá.

Hans Gmoser falleció el 5 de julio de 2006 debido a las lesiones sufridas en una caída mientras circulaba en bicicleta por la autopista 1A cerca de Lake Louise. Su fallecimiento marcará el fin de una era grandiosa a la par de interesante y creativa en la región montañosa del oeste de Canadá.

Según sus deseos no hubo funeral ni servicio conmemorativo.

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Los idealistas artículos que escribió en el Canadian Alpine Journal sonaban a música para los oídos más jóvenes ansiosos por lograr un estilo de vida alternativo: “¿Qué tratábamos de hacer? ¿Estábamos tratando de demostrar algo? ¿Tratando de matarnos? – ¡No! Simplemente queríamos inhalar y exhalar vida una y otra vez. Nos rebelábamos contra una existencia que el género humano se impuso a sí mismo; contra una existencia repleta de valores distorsionados, donde un hombre es juzgado por el tamaño de su sala de estar, por la cantidad de cromo que porta en su coche, y etc.; mientras nosotros nos hallábamos de nuevo por aquí, sencillos y puros; como simples amigos en las montañas”.

Cada vez que miro desde las cimas de las montañas que alcanzo durante el verano, puedo ver cientos de fantásticas pistas de esquí, y el deseo de navegar por esos lejanos campos de nieve crece tan fuerte dentro de mí me duele … mientras miro hacia abajo desde los picos, Sintiendo que un hombre debe tener alas para llevarlo donde van sus sueños. Como no somos ángeles, un par de esquís es un buen sustituto.

De hecho, hoy dia el negocio parece seguir su rumbo propio; su website funciona de maravilla, sus vídeos en YouTube están realizados con una producción memorable y lo único que produce dejarse embelesar por su publicidad es más y más adicción al deporte más excitante de todos cuantos existen.

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Breve biografía de Gmoser en .PDF

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Fuentes:

https://www.skiinghistory.org/lives/hans-gmoser

Historic Canadian ski films by Hans Gmoser restored

The Ultimate Timeline of Ski History in Banff National Park

The Ultimate Timeline of Ski History in Banff National Park

https://www.skibig3.com/history/

Historic Canadian ski films by Hans Gmoser restored

http://www.montrealgazette.com/entertainment/Historic+movies+Banff+based+alpine+legend+Hans+Gmoser+lovingly+restored/9453632/story.html

http://www.chicscott.com/books.htm

http://thesnowmag.com/wing-man-hans-gmoser-cmh-heli/

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